jueves, 29 de junio de 2017

Una muchacha problemática




Jorge es guapo, atractivo, intelectual, caballeroso, bien educado, respetuoso y aferrado. Le encanta escribir y leer. Se puede decir que es todo lo que se puede desear de un chico. Como cualquier otro, se enamora perdidamente de una chica hermosa, misteriosa y problemática. Él tiene catorce años de edad, no sabe nada del amor, hasta que la ve; es amor a primera vista.
El principio del placer es una novela corta, y en ella se presentan muchos personajes e historias secundarias. Fue escrita por uno de los autores más importantes de la literatura mexicana: José Emilio Pacheco (1939-2014).
Este narrador y poeta cursó sus estudios de derecho y filosofía en la UNAM. Fue profesor de varias universidades de alto prestigio alrededor del mundo, también dirigió varias revistas, donde se dedicaba a la redacción. Una de sus obras más conocidas es Las batallas en el desierto, publicada en 1981. Recibió una variedad de premios, reconocimientos y nominaciones por sus grandiosas obras.
De acuerdo con Hugo Gutiérrez Vega, la obra de José Emilio Pacheco “podría ser incidentalmente biográfica, cuyo lenguaje fue el de su tiempo, el que hablaban los jóvenes de su edad, un fiel testigo de la vida emotiva de la Ciudad de México”.
Vivió a mediados del siglo XX en la capital del país. México pasaba por grandes acontecimientos que lo marcaron, como la matanza de Tlatelolco  de 1968.
La historia de esta novela está escrita en el diario de Jorge, quien se acaba de mudar a Veracruz, por el trabajo de su padre. Por medio de sus dos hermanas conoce a su primer amor, Ana Luisa, una chica misteriosa, hermosa y mayor que él. Ella realmente le causa problemas a este jovencito, llevando al lector a un ambiente de suspenso y enojo. Así continúa hasta el desenlace.
El autor utiliza un método lineal o cronológico, pues comienza narrando desde el inicio de la historia y sigue consecutivamente. El narrador es protagonista, ya que habla en primera persona; aparte, la novela es un diario. Lo podemos comprobar con la siguiente cita:
Hoy conocí a Ana Luisa, una amiga de mis hermanas, hija de la señora que les cose la ropa. Vive más o menos cerca de nosotros, aunque en una zona más pobre, y trabaja en El Paraíso de las Telas.
Al inicio de la obra podemos ver que el autor usa el recurso flash-back, en un párrafo:
Me acuerdo de la primera vez. Pusieron un aparato en Regalos Nieto y en la esquina de avenida Juárez y San Juan de Letrán había tumultos para ver las figuritas. Pasaban nada más documentales: perros de caza, esquiadores, playas de Hawai, osos polares, aviones supersónicos.
Pero en el resto del texto se emplea el tiempo retrospectivo, pues se relata en pasado.
El personaje principal es Jorge. Después le siguen, como secundarios, Ana Luisa, Durán, Candelaria, su padre y sus hermanas. Se describen la mayoría de ellos y participan en los diálogos.
Como ambientales encontramos a Adelina, Oscar, Yolanda, el profesor Castañeda, el director, Bill Montenegro, El Verdugo Rojo, Gabriel, Adolfo Ruiz Cortines, que son de gran ayuda para la creación de un escenario.
Los personajes secundarios de mayor importancia son los siguientes:
Ana Luisa: Es una muchacha problemática de dieciséis años; no sabe leer, vive con su tía, es ignorante, es guapa, atractiva y no se da a respetar. En las cartas que  le escribe a Jorge podemos ver su mala ortografía y así relacionarla con una mala educación:
“No vallas a mandarme cartas a esta direcsión, si quieres escribirme aslo a lista de correos Jalapa Veracruz”.
Durán: supuesto mejor amigo de Jorge, es encargado de vigilarlo. Tiene alrededor de veintiocho años, su novia es Candelaria; usa un lenguaje cotidiano y podemos ver que no tiene muchos valores, ya que traiciona al protagonista. Nuevo ordenanza de su padre.
Candelaria: Es simpática, bonita, un poco gorda y tiene un diente de oro. Trabaja en la farmacia de los portales. Novia de Durán, termina enamorándose de Jorge. Coqueta y cizañosa.
El lugar donde ocurren los hechos es Veracruz. Por la información que proporciona el narrador podemos ubicarnos en el año aproximado de 1952, pues se menciona a Adolfo Ruiz Cortines (presidente de la república):
Es una calumnia porque Ruiz Cortines, aunque no sea brillante ni simpático al estilo de Miguel Alemán, es un hombre honrado. Cuando menos no parece un ladrón como los demás: lo único que le gusta es sentarse a jugar dominó en los portales.
Es un ambiente de misterio, ya que todo puede pasar. Al principio es tranquilo, después emocionante cuando Jorge le entrega la carta a Ana Luisa y recibe la carta; después es de intriga, pues no sabes cuándo va a regresar la muchacha, pero cambia cuando se encuentran los dos solos en la playa y el protagonista empieza a narrar su encuentro lleno de pasiones; después, de desesperación y angustia, pues el chico no sabe cuándo regresará ella.
Esta  novela, desde mi punto de vista, es interesante y atractiva a la hora de leer, porque el autor no utiliza ningún tipo de función poética, sino, en cambio, un lenguaje cotidiano, lo cual facilita su lectura. Si estás interesado en empezar a leer y te gustan las historias de amor adolescente, esta novela será la indicada para ti.

Fuentes consultadas:
“Contexto de José Emilio Pacheco” Consultado el 8 de noviembre de 2016 en: https://global.britannica.com/biography/Jose-Emilio-Pacheco
“José Emilio Pacheco”. Consultado el 8 de noviembre de 2016 en: http://www.gob.mx/cultura/prensa/jose-emilio-pacheco-uno-de-los-personajes-centrales-de-las-letras-mexicanas-de-todos-los-tiempos?state=published

Una historia poseída




La narración comienza en una reunión de navidad, cuando empiezan a contar una historia de las más terroríficas, ya que está hecha en base a la visión de un niño. Se refiere a una joven a la que le ofrecen un trabajo en Bly, y esto fue debido a que se requería de una institutriz que cuidara a dos niños especiales huérfanos, así que decidieron contactarla para ofrecerle el puesto.

Tras un largo viaje la joven llega a la mansión. De manera inmediata hace amistad con la señora Grose, que es una mujer muy buena y está dispuesta a ayudar siempre a la familia. Ella les presenta a los niños a la nueva institutriz, a quien le parecen encantadores y no entiende por qué se les considera especiales. 

Días después la joven se encuentra en sus labores y alcanza a ver la silueta de un hombre, pelirrojo y de tez blanca. Ella no sabe qué hacer al respecto, así que decide ignorarlo y contarle a la señora Grose sobre esto.

Desde ahí entiende todo. Sabe que los niños no dicen nada y actúan de manera extraña porque están poseídos por dos espíritus. 

La obra Otra vuelta de tuerca, de Henry James, la podemos clasificar como una novela, ya que contiene varios personajes, se basa en un acontecimiento de ficción y así mismo es una narración extensa, que nos mantiene enfocados siempre en lo que va a suceder.

El método narrativo que se utiliza en esta obra es in media res, pues comienza cuando Douglas encuentra el manuscrito dejado por la institutriz, en el cual ella narra los sucesos. La historia ocurrió años atrás, así que se hace un retroceso a principios del siglo XIX, el periodo en el que Bly era un buen lugar.

El personaje principal es la institutriz, que es quien tiene la problemática ocasionada por los antagonistas: la señora Jessel y el doctor Quint, quienes tratan de apoderarse del alma de los niños. Los personajes secundarios son los pequeños Miles y Flora, la señora Grose y el señor Bly; el personaje ambiental es el señor Douglas.

El narrador es testigo y personaje, ya que Douglas está leyendo el manuscrito que dejó la institutriz, quien es protagonista de la historia.

El tiempo es el siglo XIX, cuando apenas se está formando aquel pueblo de Bly; el espacio es la mansión de Bly, que es donde viven los pequeños (también se puede decir que el espacio es el lugar de la cena de navidad donde se encuentra el señor Douglas). El ambiente al principio es muy tranquilo, pero poco a poco se vuelve tenebroso y morboso, debido a los espíritus.

Los sucesos se narran en tiempo retrospectivo porque Douglas se regresa en el tiempo para poder contarla. 

Se utilizan mucho la adjetivación y la metáfora, como en el siguiente fragmento:
La historia nos había mantenido alrededor del fuego sin respirar, y salvo el gratuito comentario de que era espantosa, como debía serlo toda narración contada en víspera de Navidad en un viejo caserón, no recuerdo que se pronunciara una palabra hasta que alguien tuvo la ocurrencia de decir que era el único caso en el que un niño tuvo la visión.
Henry James nació el 15 de abril de 1843 en la ciudad de Nueva York y falleció el 28 de febrero de 1916 en Londres. Es conocido por sus novelas que le permiten el análisis psicológico de los personajes desde su interior.

Para mí fue un gusto haber leído esta novela, ya que es de mis géneros favoritos, a pesar de que en algunas partes fue algo perturbadora. La recomiendo mucho al público, pues van a pasar un rato escalofriante e interesante a la vez. 

James, Henry, Otra vuelta de tuerca. Obtenida el 10 de noviembre de 2016 de: http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/J/James,%20Henry%20-%20otra%20vuelta%20de%20tuerca.pdf.

Bienvenidos al mundo antagónico con "Demian"




El autor de origen alemán Hermann Hesse, nacido en 1877, toma sus primeras experiencias literarias del romanticismo y apenas a los 22 años, en 1899, publica un libro de poemas con el insignificante título de Canciones románticas…
En esta ocasión, hablaremos de una de sus obras más trascendentales: Demian.
Publicada en 1919 y con narrador protagonista, esta novela nos adentra en el mundo misterioso, en el mundo caprichoso. Un mundo antagónico, de oscuridad, que forma parte de cada individuo, por lo que no debe ignorarse este hecho.
Considerada como novela por la cantidad de personajes, sus historias secundarias y su extensión, esta obra desarrollada a principios del siglo XX —a punto de dar inicio la Primera Guerra Mundial—, nos revela una idea de la vida desde otra perspectiva que no estamos acostumbrados a percibir de acuerdo a nuestras ideas inculcadas.
“—¿En verdad estás interesado? Yo creo que —continuó— la historia de Caín tiene otra interpretación completamente diferente. Por lo general, cualquier cosa que nos enseñen en el colegio es verdad, pero todo puede ser visto desde otro ángulo, pudiendo entender de mejor manera. Un ejemplo de ello puede ser la historia de Caín y la señal que lleva en la frente, ¿o, no? Que alguien mata a su hermano durante una pelea puede suceder; que alguien se arrepienta de este hecho, también puede ser; pero que precisamente por ese cobarde hecho lo recompensen con una distinción que lo proteja y que inspire miedo en los demás, eso sí creo que no debe de ser”.
El personaje principal, Emilio Sinclair, empieza su narración así:
“Mi historia comienza con una situación muy peculiar de cuando tenía 10 años y estudiaba en el colegio de mi ciudad natal.”
Al inicio de la obra, Sinclair es un pequeño niño tímido de apenas unos diez años —cuyos padres lo han educado durante toda su corta vida para que sea una persona de bien—, que se ve envuelto en el mundo oscuro o prohibido, como él mismo lo llama, debido a la mala influencia que ejerció en él Franz Kromer. Nos cuenta entonces cómo llega Demian a abrir su mente a nuevas creencias y reflexiones.
Al entrar a una escuela en otra ciudad se siente cercano a su amigo gracias a los sueños en los que aparece. Estos son un misterio que se vuelven un fuego, quemándolo por dentro. Luego de tantos sueños así, conoce a un músico, Pistorius, quien le explica el verdadero significado de sus sueños y le aclara las dudas que tiene sobre Abraxas, el dios que no considera nada prohibido o malo.
De este modo podemos deducir que el verdadero comienzo de la historia y de los sueños es el día en que Sinclair conoce a Max Demian, un chico con complejo de adulto que lo lleva a preguntarse varias cuestiones que nunca antes se habían puesto en duda.
En la Alemania de ese entonces, cualquiera que pensara diferente a lo que se le había enseñado era considerado hereje o satánico, tal como lo era Demian.
El método narrativo en esta novela es ab ovo o lineal, pues el narrador comienza a contar la historia desde su infancia y no presenta alteraciones en el tiempo. La atmósfera transcurre del misterio a la curiosidad, del encanto al desencanto. El miedo y la cautividad permanecen en la vida del personaje principal, pero sin perder la curiosidad que tanto lo caracteriza.
Retrospección como tiempo narrativo y racconto como su recurso, son algunas de las características de la obra.
¡Y pensar que todo esto ocurre en la casa de Sinclair, en la de Demian, en la de Pistorius y en la escuela; mientras que Max Demian, el personaje secundario, acompaña al protagonista cuando surgen nuevas ideas, lo acompaña incluso en sus sueños!
De acuerdo a sus pensamientos, el personaje principal es un reflejo del autor. Piensa en las mismas cuestiones que él; su lejanía a la Iglesia la expresa en Demian.
Esta obra es una de las más rebeldes, de las más auténticas que he leído. Como dice Demian: “El que quiere nacer, tiene que romper un mundo”, y ese mundo está aquí, frente a nosotros. Tenemos que desprender el vuelo para conocer a fondo lo que nos rodea.
Es una novela que nos acerca a nuevos pensamientos, pero no son pensamientos cualesquiera, son pensamientos que en verdad nos hacen dudar de los que ya tenemos.
Es una obra que debe ser leída por niños, jóvenes y adultos para darnos una perspectiva diferente de la vida. Nos deja con un sabor exquisito en nuestra mente.

Hesse, H. (2016). Demian. Ciudad de México: Grupo Editorial Tomo.

"Marianela", una novela presentable




“Se puso el sol. Tras el breve crepúsculo vino tranquila y oscura la noche, en cuyo negro seno murieron poco a poco los últimos rumores de la tierra soñolienta, y el viajero siguió adelante en su camino…”. Es así como comienza nuestra historia, escrita por Benito Pérez Galdós, quien nació el 10 de mayo de 1843 en Las Palmas de Gran Canaria (España) y moriría el 4 de enero de 1920 en Madrid.

El autor nos narra la vida de Marianela, una muchacha de 16 años, a quien creían una inútil y muy fea mujer; también cuenta sobre la relación con su amigo Pablo un muchacho de su misma edad, que era “ciego de nacimiento”.

“—¿A dónde vamos hoy? —repitió el ciego. —A donde quieras, niño de mi corazón —repuso la Nela…”, es uno de los primeros diálogos que estos dos personajes tuvieron, donde podemos observar que el narrador nos está hablando y contando la historia de forma omnisciente, ya que se expresa en tercera persona.

Marianela, personaje principal, es descrita como una joven bajita, que carecía de desarrollo físico, pues parecía que no había pasado por la pubertad; tenía pecas y el cabello feo, era flaca, con autoestima baja, pero con una hermosa y bella imaginación; era amable y agradable.

Pablo era un muchacho ciego, de una muy buena clase social, que conocía su pueblo como la palma de su mano y que siempre traía a su perro Choto. Teodoro era de mediana edad y un muy buen médico, con buenos principios, que había emprendido un viaje para visitar a su hermano. Estos dos individuos entran en la categoría de personajes secundarios. 

También podemos encontrar a Florentina, prima y futura esposa de Pablo; ella era hermosa y una buena persona; la familia Centeno, que había adoptado a Marianela, y Francisco Penáguilas, el padre de Pablo, que una muy buena posición en la sociedad. 

En esta novela podemos notar que el método narrativo es in media res. El relato inicia cuando Teodoro llega al pueblo, donde se encuentra con Pablo y Marianela, quienes le enseñan el camino correcto. Poco después todos se separan para irse a dormir a sus respectivos hogares. Marianela llega a la casa de la familia Centeno, pues es huérfana, y decide dormirse entre dos cestas: por esa razón decían que parecía como una “concha”.

La historia se va desarrollando en torno al problema cuando Pablo le comenta a Marianela sobre la posibilidad de poder recuperar la vista. En ese momento Marianela empieza a preocuparse, ya que teme lo que él piense de ella, puesto que se sentía fea por fuera.

Podemos decir que esta historia es una novela, pues posee características como su extensión amplia (tiene 127 páginas) y muchos personajes, tales como Marianela, Pablo, Cepilín, Teodoro, entre otros. 

En esta obra el ambiente psicológico varía, pues al principio se encuentra la felicidad, por ejemplo, cuando Marianela convive con Pablo. Pero conforme la historia se va desarrollando cambia a angustia, desde que el joven le comenta a la protagonista sobre la posibilidad de volver a ver, y después podemos notar cierta tristeza conforme se avanza.

Además podemos notar las diferentes perspectivas de los personajes, y de ahí podemos sacar una enseñanza, lo cual la hace aún más interesante.

Considero que esta novela contiene todos los diferentes aspectos que debe contener; por lo tanto, es una historia presentable y bien hecha que yo recomendaría a los demás lectores.

Pérez Galdós, Benito (2003), Marianela. Edimat Libros, Madrid.


Una muñeca viajera




“Los paseos por el parque Steglitz eran balsámicos…”. Así comienza la historia de la amistad ente Franz Kafka y una pequeña que se encontraba merodeando y jugando en el parque. Kafka y la muñeca viajera, de Jordi Sierra i Fabra, es una novela basada en hechos reales de la vida del escritor Franz Kafka. Debido a que no todos los hechos fueron recabados, el autor empleó su imaginación y creó varios de los elementos utilizados; esto incluye cartas intercambiadas y el nombre de la pequeña.

En esta obra el reconocido autor español nos narra la historia de cuando el escritor checo llega a un parque y encuentra a una pequeña niña que ha perdido su preciada muñeca. A lo largo de la historia se relatan las aventuras de esta, ya que supuestamente se encuentra de viaje por el mundo, todo a través de cartas que escribe Kafka, las cuales él mismo lee a la niña. Con todo esto evita el doloroso llanto de Elsi y le da un poco de esperanza sobre el bienestar de su muñeca y los momentos por los que pasa.

La historia contiene pocos personajes siendo estos: Kafka, Elsi (la niña), Dora (pareja de Kafka), Brígida (la muñeca), la madre de Elsi y la señora Hermann (vecina). También aparecen personas en el parque jugando y platicando con sus parejas, para crear ambiente dentro de la narración. 

El autor utiliza el tiempo narrativo pasado a lo largo de la historia. Esto se puede identificar en el siguiente fragmento: “Se quedó sin saber qué hacer. Los niños eran materia reservada, entes de alta peligrosidad, un conjunto de risas y lágrimas alternativas, nervios y energías a flor de piel, preguntas sin límite y agotamiento absoluto. Por algo él no tenía hijos.” 

Se emplea el método narrativo de tipo lineal, pues Sierra i Fabra relata los hechos de manera cronológica y como van sucediendo dentro de la trama. En el planteamiento de la historia Kafka ve a la pequeña y la trata de ayudar. En el desarrollo busca una manera de evitar su llanto por medio de cartas que escribe su muñeca.

El narrador utilizado es de tipo omnisciente y la historia se desarrolla en el parque Steglitz, ubicado en Berlín, durante el año de 1923. La atmósfera generada conforme va avanzando la historia cambia constantemente, de ser melancólica a feliz y finalmente regresa a melancólica. 

El autor en algunos casos emplea la función poética de la lengua. Esto para dar un énfasis en la manera en la cual se transmiten los sentimientos y se dicen las cosas. En el siguiente fragmento podemos apreciarlo, por medio de una metáfora: “Elsi era una máscara…”.

En conclusión el tema tratado en la obra me parece muy noble. Cómo el escritor crea un mundo extraordinario mediante la escritura y su imaginación para la felicidad de la niña, también es algo digno de reconocer. La obra además nos hace reflexionar en que las cosas que podrían ser no bien vistas (un adulto encontrándose con una niña en un parque) no siempre son lo que pensamos o se tienen malas intenciones. 

También se muestra la inocencia y tremenda pureza en los corazones de los niños. Se retrata con palabras la infancia de una manera muy peculiar, pero bastante acertada. La obra me parece magnifica y la recomendaría a todos los amantes de la literatura.

Jordi Sierra i Fabra, J., (2006), Kafka y la muñeca viajera. Siruela.

Aristóteles y Dante, únicos y entrañables




“Cada quien es protagonista de su propia guerra interna”. Si uno supiera por qué hace lo que hace, o por qué le teme a lo que le teme, seguramente ya habríamos descubierto un secreto del universo. Aristóteles y Dante nos llevan por esta entrañable historia, lealtad y descubrimiento personal  (Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo, de Benjamín Alire Saenz).
El método narrativo que se utiliza en esta novela es in meddia res. Comenzamos por la parte de en medio, donde conocemos a Aristóteles —o “Ari”, como lo llamaba Dante—. Un joven tímido e inseguro y considerablemente antisocial. Dante, en cambio, es extrovertido, entusiasta y de mente abierta y exploradora. ¿Cómo es que dos personalidades tan distintas puedan formar una relación tan amena?
En el inicio conocemos a estos dos personajes en un día caluroso, cuando Ari decide ir a nadar y, como efecto de su decisión, se encuentra con Dante. Conocemos a las familias de ambos y vemos la gran diferencia entre ellas. La madre de Ari comparte una buena relación con él; en cambio, su padre, un veterano de guerra, se sentía traumado por sus bruscas memorias. El encarcelamiento de su hermano mayor afecta sus estados de humor y aumenta su nostalgia. También conocemos a sus hermanas mayores, sin mayor importancia en la obra.
Por el contrario, la familia de Dante es comprensiva ante las situaciones que su hijo presenta; son muy unidos los unos con los otros. Esto repercute en la visión de Ari sobre lo que es familia.
El desarrollo de la historia abarca una gran serie de acontecimientos: la partida de Dante, el primer beso de Ari, su accidente, la paliza a Dante… Termina con una conversación entre Ari y su padre, donde este le dice al joven algo parecido a: “Hijo, tú eres quien eres y eso no puedes cambiarlo. Debes aceptarlo y vivir con eso”. Es aquí cuando Ari cede a sus sentimientos por Dante y se empeña en contárselo.
El desenlace es muy breve, pero adecuado para terminar la historia. En mi opinión, no pudo haber otro mejor final para la historia de estos dos únicos personajes.
Esta obra es una muy buena novela. ¿Pero cómo saber si lo es? Pues cumple con las características de este tipo de texto. La extensión es considerablemente mayor que la de un cuento. El número de personajes es mucho más extenso. Cuenta con una serie de historias secundarias.
El personaje principal es Aristóteles, ya que la historia que se narra es la suya. Dante es el personaje secundario, porque —aunque su papel es de suma importancia— la historia sigue siendo de Ari. Los personajes ambientales serían los chicos que golpeaban a Dante, el novio de Dante, entre otros, porque no aparecen más que en un pequeño momento de la historia y su intervención no es crucial para el desarrollo de la novela.
Un recurso literario que se utiliza mucho es el flash-back. Algunos ejemplos son cuando los padres de Ari deciden contarle la historia de su hermano, o cuando Ari recuerda un poco de su infancia con su tía.
El tipo de narrador es personaje, es Aristóteles quien cuenta toda la historia. Se ejemplifica en la siguiente cita: “Y pensé que tal vez había fantasmas dentro de mí que ni siquiera había conocido todavía. Ellos estaban allí. Al acecho”. Habla siempre sobre lo que siente y lo que piensa, en primera persona.
El espacio es en un poblado tan mexicano como gringo, El Paso, en EUA (Texas). El tiempo de la historia es posterior a la guerra de Vietnam, así que podríamos ubicarla a finales de los sesnta y principios de los setentas. La atmósfera es cambiante; en ocasiones se generan situaciones de mucha tensión e incomodidad, y en otras es alegría y confianza lo que se capta en el ambiente psicológico.
En mi opinión este es un libro muy leíble y entretenido; perfecto para la gente que busca algo nuevo. Es una obra que rompe barreras y te pone a pensar en lo que realmente es importante y lo que realmente queremos. A cualquiera que sienta una inquietud por leer esta novela libro le recomiendo que lo haga; es una historia que atrapa al lector y hace que se desarrolle una avidez de éste hacia el libro. Los personajes son únicos y entrañables, crean una relación con la que recuerdas la verdadera amistad y lealtad.
Las situaciones que el libro presenta son muy interesantes y toman cierta controversia. Te llevan a analizar y cuestionarte ¿qué haría yo? Creo que es a esto a lo que cualquier obra debe aspirar.

Saenz, B. A. (2015), Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo. Planeta, México.

"Macario", una huella en nuestra vida literaria



En el mundo hay un sinfín de obras literarias, cuentos y novelas que nos hablan de la vida diaria. Y Macario (de B. Traven) no es la excepción. Nos muestra los deseos de una persona que, sin importar su nivel económico, podrá cumplir su sueño.
La historia cuenta la vida de Macario, un humilde leñador que vivía en un pueblo junto a su esposa y once hijos. Su deseo era comer un pavo asado entero el solo, y su mujer pudo cumplirle el tan anhelado sueño. Mandado por ella, él huyó a la selva para comer el pavo sin que nada ni nadie lo molestara.
En el transcurso de la comida se presentaron tres personas. El primer personaje fue, probablemente el más temido: el demonio. Vestido de charro intentó engañar al leñador, pidiéndole un trozo de pavo; pero fue tan grande la inteligencia de este que no logró hacerlo caer en su trampa.
La segunda persona, nuestro gran Señor, fue Dios. Seguramente su presencia no fue con mala intención; su único objetivo era hacer crecer la fuerza y la toma de decisión de Macario.
Finalmente llegó la tercera persona, el dueño de todos los miedos y creador de tantas tristezas junto con la mía: la muerte. Un personaje esquelético moría de hambre; él rompió con la dura decisión de Macario y logró obtener medio pavo asado. Por agradecimiento llenó el guaje de agua. Pero no era cualquier agua: cada gota representaba una renovación, una vida salvada. Macario podía salvar vidas con tan solo una gota; pero, claro, con la aprobación de la muerte.
Esta obra consta de una gran trama, así es, la novela. Pero, ¿por qué se clasifica de esta manera y no como un cuento? La respuesta es sencilla: su extensión es larga, contiene varios personajes y no solamente narra una historia, sino varias secundarias más. Es realista, deja de lado los elementos ficticios para encarnar la historia real de una familia de pueblo.
El narrador es omnisciente, lo sabe absolutamente todo y relata en tercera persona. “Se acomodó lo mejor que pudo sobre el suelo y con un suspiro de profunda satisfacción se recargó en la cavidad de un árbol grande, sacó el pavo de la canasta, extendió las hojas.... Es esta cita textual se refleja cómo el narrador no supone nada; por lo contrario, lo sabe todo con lujo de detalle.
El ambiente se ha clasificado en tres ámbitos (espacio, tiempo y atmósfera). La obra narra los hechos en el pueblo y en el bosque, donde Macario encontró a tres de los personajes y donde pudo comer la mitad de un pavo asado.                                  
Se puede ver que la historia ocurre en la época colonial y el ambiente psicológico es sin duda la ilusión, debido al sueño de Macario, quien logró vencer casi todos los obstáculos por su gran generosidad y toma de decisión.
La vida de Traven, el autor, no es realmente conocida. Se dicen varias cosas pero nada ha sido comprobado. Se mencionan varios lugares de nacimiento y distintas fechas. Pero un dato cierto es el de su llegada a nuestro país en el año 1925, justo en el gobierno de Plutarco Elías Calles, quien gobernó de 1924 a 1928 y en cuyo mandato se creó la primera línea aérea y se fundó el Banco de México.
Y aunque su biografía no es oficial, una persona puede reflejar más de lo que piensa con tan solo su escritura. Tal es el caso de esta novela, en donde se expresa la creencia religiosa de Traven. Al incluirse la presencia del diablo, Dios y la muerte en esta novela, podemos ver que Traven era un creyente que supo caracterizar de una excelente manera a sus personajes.
Macario ha sido de las pocas obras que me ha tocado leer, pero sin duda una de las mejores. Su trama es tan distinta a las demás, que nos deja con una huella en nuestra vida literaria. Su historia es tan real, que pareciera que la estamos viviendo. Y no es una narración común, su tema es diferente, muy único y original.

Traven. B. (2003), Macario. Selector, México, 108 pp.



Midnight Trickster




Christian había caminado esa calle cientos de veces para llegar a su casa, un departamento en el último piso de un viejo edificio al final del camino. Esta noche no era distinta. Salió de su trabajo, tomó el metro, se bajó en la quinta estación y comenzó a caminar el par de manzanas que le faltaban para llegar.
En el camino tampoco se encontró nada inusual: dos entes, un demonio y tres banshees… Estaba inusualmente tranquilo, aunque no lo pareciera. Había nacido con la habilidad de ver, y sentir, lo que para otros era inexistente.
Debido a esto, tuvo muchos problemas durante su infancia y fue llevado contadas veces al psicólogo, gracias a los demonios y fantasmas que lo acosaban o buscaban su ayuda al darse cuenta de sus dones especiales.
Sin embargo, con el tiempo fue encontrando a algunas personas parecidas a él. Entre ellos estaba Nathan. Fue curiosa la manera como se hicieron amigos, pues se encontraron al menos tres veces por casualidad y, después, decidieron mantener contacto.
Nathan podía ver casi todo lo que Christian veía. Sin embargo, daba más provecho a sus dones, pues encontraba la manera de eliminar a las criaturas más peligrosas y sanguinarias, como los demonios o los fantasmas vengativos…
Christian se quedó pensando en su amigo mientras llegaba al conjunto de departamentos. Pero, tan solo un par de cuadras antes de llegar, se detuvo. Había alguien sentado en la banqueta de la siguiente esquina, junto al callejón. Parecía un hombre joven, un muchacho, vestido todo de negro, con la cabeza gacha y las manos enlazadas descansando sobre las rodillas.
Al chico le dio mala espina y comenzó a caminar hacia el otro lado de la calle. No vio al otro muchacho cuando levantó la cabeza y lo siguió con la mirada, pero sí escuchó su voz unos segundos después:
—¡Hey, Daniel!
“¿Qué…?”, pensó Christian. “Nate es el único que me llama así…”.
El rubio volteó hacia la esquina, desconcertado, y vio al joven levantarse y caminar hacia él, sonriendo de medio lado. ¡Era Nathan!
—Hey —respondió Daniel.
—Hola. Me asustaste, creí que era alguien más.
—Ah, ¿pero quién más va a ser? —dijo el pelinegro, mientras recargaba un brazo sobre los hombros de su amigo—. Verás… —continuó—, vine porque quería hablar contigo… pero debo hacerlo rápido, desde ayer me vienen persiguiendo tres demonios distintos y no me dejan en paz —al hablar miraba nerviosamente a los techos de los edificios.
—Bueno, pues dilo ya —sugirió el más joven de los dos.
Nathan dudó mientras miraba a los lados otra vez.
—No es seguro aquí —fue todo lo que dijo, luego continuó—: Ven, hay que acercarnos al callejón —sugirió, mientras dirigía a su compañero con el brazo todavía sobre sus hombros.
Christian no entendía cómo el callejón sería más seguro, pero lo siguió de todos modos. Nathan entró primero al estrecho lugar, dándole la espalda a su amigo. Fue ahí cuando Chris se dio cuenta de que su compañero parecía haber sacado algo de su chaqueta y estaba moviéndolo entre las manos.
—Y bien —dijo, ignorando el objeto desconocido—, ¿Qué es lo que me querías decir, pues?
—Bueno… —contestó Nate mientras se daba la vuelta lentamente.
“¿Por qué está actuando tan extraño?”, pensó Christian. Podía sentir que había algo fuera de lugar.
—Quería decirte… lo siento.
—¿Qué? ¿Por qué?
Nathan se había volteado casi por completo hacia él, pero el objeto en sus manos todavía no era visible, hasta que reflejó la luz de la luna. Entonces, solo entonces Daniel pudo ver, únicamente por un segundo, el brillante gris plata de una daga tan larga como su antebrazo, girando entre los dedos de su compañero.
—Nate —Chris tartamudeó—... Nathan… ¿Qué estás haciendo…?
—Oh, no te preocupes, esto será rápido. Cuando menos te des cuenta ya te habrás ido.
El muchacho más joven estaba mudo y aterrado. Este no podía ser de verdad su querido amigo…
—Bueno, en realidad no. Va a ser bastante largo y doloroso. Puede que tome un rato.
—¡No…! Nathan… ¿Por qué estás haciendo esto...? No es divertido, para…
—Ay, ¡vamos! ¿En serio sigues creyendo que soy él? No, no, claro que no… Eso quisieras…
Christian entonces vio, para su horror, cómo el rostro del sujeto frente a él cambiaba. Este no era su amigo, en definitiva; era un demonio, uno lo suficientemente poderoso para mimetizar la imagen de alguien de manera tan convincente…
Sus ojos habían perdido cualquier rastro de negro o blanco y se habían vuelto azules por completo. De su rostro, como si fuera tinta sobre el papel, aparecían marcas negras que se doblaban y torcían cruzándose unas con otras
Después, lo único que Christian vio fue un flash rojo carmesí, algo acercándose rápidamente hacia él y una extraña sensación de que estaba siendo quemado su abdomen. Todo pasó demasiado rápido. De un segundo a otro el demonio ya se encontraba sobre él con el cuchillo clavado en su torso.
Ahí se dio cuenta de que el flash rojo había sido la daga, que brillaba como si estuviera lista para soldar… O, tal vez, era solo la sangre, después de todo era bastante. Había empezado a salir con rapidez de la herida y manchaba su pálida camiseta de color vino, hasta que la dejó empapada.
El demonio retrocedió, no sin antes recuperar su preciada arma.
—Me llevo esto —dijo—. Supongo… que ha sido un placer conocerte. Lástima que haya durado tan poco —terminó con una sonrisa, mientras dejaba al muchacho atrás, tirado en la pequeña callecilla.
—¡No… Espera…! —lo detuvo Daniel con pesadez—. ¿Qué… qué fue lo que hiciste… con él?
—¿Quién? ¿Tu lindo amiguito? ¡No te preocupes por él! Era mi intención que llegara… no antes de que tú mueras, por supuesto. Le dejé algunos acertijos para el camino, no debe tardar.
Después de esto, el demonio se fue, desapareciendo justo tras salir del callejón, sin dejar una sola pista de que alguna vez estuvo ahí.
Christian se sentía tan desesperado, incapaz de moverse en el suelo helado, sintiendo cómo el dolor lo cegaba cada vez más y la pérdida de sangre lo alejaba de la conciencia… No podía más, quería dormir, descansar, dejarse llevar por ese manto negro que lo empezaba a cubrir y prometía una solución a su pesar… Sí, tal vez eso estaría bien, tal vez solo debía dejarse llevar, tal vez…
—¿Christian…? ¡Christian…!
“Ese es… ¿Nathan?”.
—¡Por favor, despierta...! Por favor… ¡No te vayas, por favor! ¡No me dejes aquí solo, te lo pido, despierta…!
Daniel intentó otra vez, contra todo el peso que sentía encima. Reunió fuerza, y abrió los ojos…



Alienación



¡Los odio, los odio! ¡Quiero que se mueran esos malditos impostores! ¿Por qué demonios nadie me cree? No estoy loca, no es mi imaginación. Todo es su culpa. Él está por ahí, acechándome… planeando llevarme. Siento mis mejillas arder al tiempo que mis manos se estrellan incontrolablemente sobre mi cara. Un líquido ardiente me recorre el rostro, con lo que aumenta mi deseo de que todos desaparezcan. ¡Grito que todos se alejen y me dejen de una vez en paz! Justo ahora que me encuentro sola y sin el apoyo de nadie… Ese hombre, ese hombre, ahí está; me está mirando.
¡Deja de mirarme!
¡Deja de mirarme!
¡Deja de mirarme!
Escucho un ronronear y veo cómo un cacharro se aleja con un destello azul. Es él. No, no era mi acosador. Al menos me miraba… ya nadie está junto a mí. Todos me creen una lunática. Me hundo en mis sentimientos de soledad y tristeza… esa ansiedad y desesperación que no se va. Vuelvo a estar sola, pero siempre acompañada.
Sé a dónde me dirijo, es hora de acabar con esto. La cita con el destino en El Barranco es lo único que me mantiene en pie.
Me están mirando, me están juzgando.
¡DEJEN DE MIRARME!

—Nuestra ciudad se caracteriza por tener el barranco más profundo del estado en plena zona urbana. El Barranco… —dice mi maestra justo cuando está sonando el timbre de salida, poniendo fin a mi tortura. ¡Pobre profesora! Nadie sabe que todos nos reímos a sus espaldas.
Al salir me encuentro con un bello y caluroso día. Miguel y yo cruzamos miradas desde lados opuestos del patio. Corremos y nos unimos en un beso con demasiada pasión para un día escolar. Pero es que simplemente somos maravillosos. Somos la clásica pareja inesperadamente perfecta y popular de la escuela; él, extraordinariamente guapo, carismático y talentoso, perdidamente enamorado de mí, Calipso, la estudiante más inteligente de la clase y con todas las cualidades para ser una gran mujer de éxito —aparte, claro, de ser buena en deportes y tener una sonrisa de impacto—. Las miradas de envidia de los demás alimentan mi ego.
También cuento con un cerrado e íntimo grupo de amigas. Pero mi prácticamente hermana es Rebeca. Ella siempre me dice mis verdades cuando más las necesito y tiene mi espalda en cada momento que la necesito. Es la mejor amiga que alguien podría pedir.
Mi madre me recoge y juntas vamos a casa. Ella sabe que soy feliz y cómo soy. Jamás me dejaría sola. Pasamos por El Barranco, como todos los días. En realidad es una vista impactante: volteando al horizonte, después de la abrupta bajada se ve el extenso bosque atravesado por un ancho y azul río; en el atardecer, mientras el cauce se pinta rojo sangre, el bosque parece emanar vida, haciendo un enorme y bello contraste.
Llegamos a casa y nos sentamos a comer mis padres y yo. Entreno, hago tarea y duermo. El final de un día perfecto.

Despierto con una extraña sensación en la nuca. No puedo identificarlo, pero me causa escalofríos y me pone los nervios de punta. Conforme avanzo en mis preparativos matinales me siento más y más ansiosa.
En el trayecto a la escuela al fin lo identifico. Alguien me está observando. En un arranque de histeria comienzo a voltear a los lados para encontrarme con unos ojos indiscretos; sin embargo, es difícil darme cuenta, solo veo coches. Le explico a mi madre que después de ese numerito tenía una expresión preocupada y ella lo desecha inmediatamente, sin siquiera considerar que el hecho de que alguien me esté acosando es posible. Tal vez tenga razón.

Es la hora de salir. A pesar de las distracciones de la escuela la sensación no hace más que aumentar. De hecho, ya no es un sentimiento. Es una realidad. Alguien me está vigilando. Y me quiere hacer daño.
Comienzo a sospechar de cada desconocido que me mire por más de dos segundos; “¡deja de mirarme!” es un pensamiento recurrente. En el trayecto a la escuela un coche azul llama mi atención… ¿será mi acosador? No, se desvía a la mitad del camino. Creo que la paranoia se está adueñando de mis pensamientos. No. Esto es una realidad.

La veo bajarse del auto al llegar a su hogar. Su hermosa, larga y luminosa cabellera color caramelo ondea con la suave brisa sobre su espalda. Su esbelto y trabajado cuerpo despierta un deseo antes desconocido para mí. Sus ojos verdosos acentúan la mirada determinada que siempre la acompaña. Calipso, mi amor, cada día me encantas más... La adoro. Casi no puedo esperar a escuchar su bella voz gritar mi nombre. El momento se acerca.

—Mi vida está en peligro, ¿no lo entienden? Hay alguien asechándome con propósitos malignos.
Estamos mis padres y yo sentados en la antigua mesa familiar de la casa, larga y de caoba. Parece el escenario perfecto para que decidan ignorar la proximidad de mi muerte segura gracias a su falta de acciones.
Han pasado dos meses desde que me sigue. Mis padres y amigos están necios, a pensar que la presión y el estrés me están jugando bromas pesadas. Miguel y yo hemos cortado por lo mismo. ¿A quién le importa? Era un idiota de todos modos.
—Hija, has presentado conductas impropias de ti. Ya no sales con nadie, ni siquiera con Rebeca —dice mi madre.
—¡No menciones ni su nombre! Es una perra mentirosa.
—Has roto con el bueno de Miguel.
—¡Cerdo…!
—No vas a los entrenamientos, no escuchas música y ya no dibujas… Hija, estamos preocupados.
—¡Ya basta! ¿¡Qué no lo entienden?! ¡Alguien me quiere asesinar, lleva un mes queriendo hacerlo y ustedes lo único que hacen es reprenderme! ¡Qué demonios! —Estoy de pie y gritando con todas mis fuerzas. Mis padres ni se inmutan. Este tipo de escenas han sido muy frecuentes últimamente. Lo que me tumba del caballo es lo siguiente:
—Hemos decidido enviarte a un instituto psiquiátrico.
—¡¿Qué?! ¿Cómo se atreven? ¡Son unos ineptos! ¡Me deberían proteger y amar, no enviarme lejos con una bola de chiflados! ¡Los odio! —Ellos ni se inmutan.
—Hija, te estamos protegiendo de ti misma y del daño que te puedas hacer. En el instituto hay gente que te puede ayudar a curar tu enfermedad y a sentirte más segura y feliz.
Me quedo seria. ¡Estos tontos no son mis padres! Seguramente son cómplices de él. Mis verdaderos padres probablemente ya están muertos hace tiempo. ¿Cómo no me di cuenta antes? Tengo que escapar; ellos no deben sospechar. Me tranquilizo.
—Está bien. Lo entiendo. Perdón por todas esas cosas horribles que les grité, era mi enfermedad hablando.
—Qué bueno que al fin lo entiendes, hijita. Te amamos. —Mi supuesta madre está ahogándose en lágrimas.
—Y yo a ustedes —¡impostores sucios!—, padres. Buenas noches.

La veo levantarse. Son las tres de la mañana. Seguro piensa escaparse. Creo que al fin ha llegado el día que he estado esperando pacientemente.
Ha cambiado. Su belleza ahora es tan magnifica como una obra maestra pisoteada. Su cabello, ahora corto, llega hasta sus moreteados y frágiles hombros (los cuales son lo más sano de todo su cuerpo), y la mirada lunática acentuada con ese incesante tic que le ha salido en el ojo izquierdo le da un aire, pues… de chiflada, la verdad. Adoro cuando ya están locas. ¡Calipso, mi adorada, te he pisoteado duro! Al fin nos veremos cara a cara, mi amor. Nos vemos en El Barranco.

Después de la escabrosa bajada de la ventana de mi cuarto al suelo y llegar a la esquina de mi calle, me doy cuenta de que no sé qué hacer. Estoy llena de odio y resentimiento hacia mis padres y amigos, pero más que nada hacia él. La histeria toma el control de mi cerebro y giro la cabeza buscándolo. Siento que mi rostro húmedo arde, mis manos tienen voluntad propia y comienzan a hacerme daño, mi estómago quema por esa sensación de querer destruirlos a todos. ¡Los odio, los detesto tanto a todos! Grito y pataleo. Ese hombre me está mirando. ¡Deja de mirarme! El coche azul pasa y después de un rato me atraviesa el rayo de la verdad.
Siento la imperiosa necesidad de ir al Barranco. Sé que tengo que ir.

Observo su llegada. Se ve más hermosa que nunca. Tiene ojos de leona, decididos. Su cabello al viento, la impactante vista del Barranco al fondo y la luna como reflector, hacen de este uno de los mejores momentos de mi vida. El momento ha llegado.

Lo veo y sé que es él. Mis piernas comienzan a temblar. Recargado en su característico coche azul, el bastardo tiene el descaro de sonreír. Recuerdo que me quiere hacer daño y que todo es su culpa.
Es alto, tiene tez morena y una mirada fanática. Sus ojos son negros y dilatan su deseo. La expresión amable y miradas discretas han desaparecido. Es un depredador, definitivamente.
No sé su nombre pero sé quién es. Lo he visto muchas veces antes. Cuando me encontraba sola y sin consuelo, esa cara era la que siempre estaba ahí, en el semáforo o unas bancas más allá. Nunca he estado sola.
—Eres tú.
—Así es.
No más diálogo. Corro como alma que lleva el diablo.

Comienza a correr.
—¿Quieres jugar? ¡Pues a darle! ¡Te encontraré de todos modos, mi diosa, y serás mía al fin!
Que comience la cacería.

Voy corriendo ya con una dirección determinada: la policía. Ya no puede ser que no me crean si mi secuestrador me está siguiendo, ¿cierto? Para llegar tengo que pasar justo al lado del Barranco. Perfecto, muy conveniente. La verdad es que he recorrido este camino millones de veces, pero desearía no tener que hacerlo con un psicópata a mis pies.
Justo cuando estoy pasando por el punto más angosto escucho un ruido que me desconcierta. Resbalo y… ¡Dios mío, voy a caer por El Barranco! ¡Mis instintos salen a la luz y lucho por asirme a algo, por vivir! Logro aferrarme al borde con mis lastimadas manos, que gracias a la adrenalina han sacado lo mejor de sí.
¡Estoy viva! Una risa histérica sale de mi boca.
Y entonces lo escucho.
—Calipso, mi niña, ¿dónde estás? No puedes esconderte para siempre.
Comienzo a sentir cómo mis manos cobran voluntad y mi cara vuelve a arder.

Atrapado



Yara Melissa Montenegro Rodríguez

Todo ha sido muy difícil desde que estoy aquí. El tiempo transcurre con lentitud, no tengo nada que hacer, me encuentro completamente solo en este pequeño lugar, sin salida. No comprendo cómo fue que me dejé cegar ante esta plena situación. Fui un completo idiota, por permitir que me manipularan mis pensamientos y por confiar en la persona que me tiene encerrado. Probablemente me hará lo mismo que a los demás.
Estoy atrapado en un lugar que al parecer desconozco. Me hallo en una habitación demasiado pequeña. Duermo en el suelo. Me alimentan una vez al día. Durante mi permanencia aquí no me he aseado. En general, estoy muy mal. Este tiempo me ha hecho recordar perfectamente cada momento de mi vida anterior. Aseguraba que nada podría ser peor de lo que era hasta que me encerraron en este lugar.
Los problemas comenzaron cuando yo tenía la edad de quince años. Salía a fiestas todos los fines de semana y me embriagaba a morir. Una noche fui a divertirme con unos amigos sin el permiso de mis padres. Tomé demasiado alcohol, más de lo que se podía. Al terminar la fiesta, traté de regresar ebrio hasta mi casa, llevando a mis amigos conmigo. Encendí el carro y avancé por un rato. Mientras conducía, a lo lejos miré un joven caminado por la banqueta. Dentro de mí mismo me sentía perfectamente bien, pero por fuera apenas podía sostenerme. Iba manejando terrible.
En un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos fuera del camino. Mis amigos estaban inconscientes. Me bajé, comencé a observar todos los daños que le había causado al auto. De repente vi algo inusual debajo de él. Me acerqué poco a poco. No podía creer lo que miraba: era el joven de hacía unos momentos. Lo había matado.
No me detuvieron gracias a mi papá, que pagó una muy costosa fianza. Pero hubiera preferido estar en la cárcel que estar en mi casa en todo ese tiempo.
Esta culpa no me ha dejado desde entonces. Mis padres nunca pudieron perdonarme por aquella tragedia. Prácticamente desde ese día yo ya no tenía ni familia ni amigos.
El 29 de marzo de 2016, otra tragedia llegó a mi vida. Mi padre fue asesinado al salir de su oficina. Hasta ahora nadie sabe quién fue el asesino. Pudo haber sido cualquiera, pues él era alguien importante, muchas personas le tenían envidia. A causa de ese suceso mi madre y yo quedamos en la ruina, puesto que al morir mi padre le robaron todo su dinero, propiedades y pertenencias.
Al pasar los meses, gastamos gran parte de nuestros ahorros en cosas insignificantes. En realidad, los desperdiciamos. Al darnos cuenta de lo que nos quedaba, no sabíamos qué hacer. Nuestra casa era muy grande, se necesitaban muchos gastos, los cuales ya no podíamos pagar más.
En el mes de octubre tuvimos que mudarnos de Beverly Hills, para irnos a Houston. Con pocas pertenencias, andábamos de calle en calle, buscando una dirección que mi madre anhelaba encontrar.
Tras varias horas mi madre se detuvo frente a una casa muy vieja y descuidada. Dio unos pasos hacia la puerta, pero no reprimió sus lágrimas y comenzó a llorar. Parecía un mar de llanto, no podía parar. Nunca la había visto de esa forma. Siempre la había conocido como una persona fría y sin sentimientos hacia nadie ni nada. No encontraba razón del porqué esa vieja casa provocaba un cambio en ella.
Como mi madre no se controlaba, toqué la puerta una y otra vez. Nadie abría. Estaba a punto de llamar por quinta vez, cuando un anciano abrió. Renegando me preguntó:
ꟷ¿Qué es lo que quieres?
Volteé hacia mi madre, indicándole que ya habían abierto. Secando sus lágrimas ella se acercó.
ꟷ¿Acaso no me recuerdas?
ꟷNo sé quién eres, ni me interesa. ¡Ahora quiero que dejes de molestar y que salgas de mi propiedad ya!
ꟷSoy yo, Marie, tu hija.
Al escuchar esas palabras, una gran confusión me invadió. No podía creer que el señor que estaba justo frente a mí era mi abuelo, quien, según mi madre, había muerto hacía años. Ella tomó una foto de su bolso y se la mostró. Al tener esa foto en la mano aquel señor furioso pareció cubrirse con la calma, pues recordó todo.
Nos dejó pasar a su casa. Mi madre y él se sentaron en la sala. Yo, por curioso y asombrado por aquel lugar, di un paseo. Era grande, pero se encontraba en muy malas condiciones. Entré a varias habitaciones, todas ellas estaban completamente vacías. Una puerta captó mi atención, era la única que estaba bajo llave. Traté de abrirla con varias cosas, pero no pude. En eso escuché pasos, alguien se acercaba. Me asusté y me alejé de ahí. Volví con mi madre. El señor nos dio asilo en su hogar.
Los días pasaron. El comportamiento de aquel hombre que se decía ser mi abuelo, era muy extraño. Estuve observándolo por un corto tiempo. Me di cuenta de que en cierto momento de la tarde él desaparecía. Nunca sabíamos dónde estaba en el transcurso de dos horas.
Al llegar las noches, no podía contener mi curiosidad hacia esa habitación. Me la pasaba tratando de averiguar qué era lo que habría ahí dentro. Una noche no logré soportarlo más. Decidí salir a averiguar. Al acercarme a aquella puerta, observé que el anciano la estaba abriendo con una llave. Tuve temor a que me viera y me escondí. Entró y para mi suerte olvidó cerrar, así que me acerqué y mire a través de la pequeña abertura. Traté de observar hacia el interior, pero no había nada. Ni siquiera se encontraba el anciano.
Al día siguiente, creí completamente que lo había imaginado. Ni mi madre ni mi abuelo se hallaban en casa. Pero no quería pensar que estaba volviéndome loco, así que busqué la llave por todos lados, hasta que la encontré. Con las manos temblorosas la introduje en la cerradura y entré. En mi mente no cabía la razón del cómo había desaparecido el anciano la noche anterior. Palpé las paredes y el piso, para ver si daba con alguna pista. Me comenzaba a desesperar cuando toqué algo con mis manos en el suelo. Lo jalé hacia arriba y se abrió una puerta a una habitación subterránea.
Sentía mucho miedo de bajar, pero sin pensarlo descendí inmediatamente. Estaba muy obscuro, prendí un fósforo. Al hacerlo un gran escalofrío pasó por todo mi cuerpo: tenía frente a mis ojos un sinnúmero de herramientas de tortura. Estaban llenas de sangre fresca, al igual que las paredes. Con las piernas temblorosas caminé un poco más y vi jaulas vacías.
De repente escuché voces. Me apresuré a salir, pero era demasiado tarde. Mientras subía las escaleras no me percaté de que mi abuelo me estaba observando desde arriba. Al estar a punto de salir el anciano me cerró la puerta, provocando que me cayera. Le puso llave a la cerradura y hasta ahora no he podido abrir.
Me he preguntado qué ha pasado con mi madre; si me habrá buscado, tal vez el anciano le hizo algo. Me he imaginado las peores cosas. Sin embargo, no comprendo cuál es la razón de tenerme encerrado después de doce meses. Es una tortura estar aquí, siempre escucho murmullos. He oído a mi padre haciéndome reclamos, como sobre aquel joven que atropellé; me tortura mencionando una y otra vez aquella tragedia. Me parece que me estoy volviendo loco.
En estos momentos escucho voces, creo que alguien se acerca. No logro distinguir bien quién ha abierto la puerta… ¡No puedo creerlo, es mi madre!
ꟷ¡Mamá, me encontraste! ¡Sácame de aquí de una vez!
ꟷ¡Por supuesto que sí! ¡Déjame darte un abrazo!
Mi madre por primera vez en mucho tiempo me está dando un abrazo…
¿Qué está pasándome? Siento algo diferente en el estómago. ¡No puede ser! ¡Me ha...!
Todo se está desvaneciendo. Otra persona se aproxima. ¡No puede ser! ¡Es mi padre, acercándose con herramientas en las manos…!

Amor en la cancha




Íbamos caminando de regreso a casa. Era de noche, después del entrenamiento. La primera noche de abril.
Gaddiel comenzó a platicarme acerca del porqué quería dejar el fútbol. Me confió que ya le era difícil concentrarse en la cancha. Me confesó que era gay.
Yo no lo podía creer. ¡Mi hermano era gay y yo no lo sabía! No sé cómo había podido no decírmelo, siempre nos platicábamos todo. Me dijo: “Ya no quiero jugar más, pues quien me gusta está ahí todo el tiempo y me es difícil concentrarme. Las cosas no me salen bien, como antes”.
Inmediatamente comencé a pensar en quién podría gustarle a mi hermano, pero como él era el capitán del equipo todos lo querían, se llevaba mucho con todos, no había alguien en específico con quien pudiera pasar más tiempo. Era muy difícil tratar de averiguar quién era el susodicho.
Me contó que esa persona también era mayor que nosotros. Pero eso era realmente obvio, pues nosotros teníamos 19 años, los más chicos del equipo.
ꟷCuando me di cuenta de que verdaderamente me gustaba, fue una noche después de un juego. Yo lo miraba, lo admiraba, pero estaba completamente seguro de que esto no funcionaria si seguía yendo a entrenar y a jugar. Lo único que ocasionaría sería que me gustara más y más.
Lo alenté a que siguiera en el equipo, era su pasión. Le aconsejé que solo ignorara a esa persona, que no le hiciera caso, que no dejara que un individuo terminara con una actividad que él amaba. Pero se negaba rotundamente. Su decisión ya estaba tomada: dejaría de jugar completamente.
Lo que había ocurrido antes, lo que había escuchado no lo olvidaré nunca, pues mi hermano, mi gemelo, acababa de decirme que era gay.
Pasaron los días y yo miraba cómo Gaddiel se mostraba distraído en la escuela. Eso era muy raro de él, ya que siempre estaba atento a las clases y era uno de los que participaba constantemente.
Nos encontrábamos en semana de exámenes. Era una semana larga, pues teníamos muchas cosas que estudiar.
El viernes, después de un día pesado en la escuela, llegamos a casa. Mamá nos estaba preparando la comida. Ella no sabía nada acerca de lo que pasaba con Gaddiel. Él fue muy discreto con ese asunto y yo también. Era mi deber no andar por ahí, por todos lados, hablando de eso.
La tarde de aquel viernes, mi hermano iría a platicar con el coach para decirle personalmente que ya no formaría parte del equipo.
Yo estaba ahí cuando le informó acerca de su determinación. Le partió el corazón haber tomado esa decisión y al entrenador le pesó perder a su mejor jugador.
Ninguno del equipo quería que se fuera, pero él ya estaba decidido.
Lloró mucho esa noche.                           
Me acuerdo perfectamente que era el 19 de abril cuando descubrí, por fin, de quién estaba enamorado Gaddiel. Lo descubrí cuando entré al cuarto, nuestro cuarto, y él observaba unas fotos del que había sido su coach. Lo veía con esos ojos tan hermosamente brillantes que tenía, sonreía tan feliz y sinceramente, lo miraba lleno de amor. Lo apreciaba como un artista a su obra.
Ahí estaba la respuesta a todas las preguntas que me había planteado, al porqué mi hermano había dejado tan repentinamente el equipo, quién era la persona que lo traía tan distraído, de quién estaba tan enamorado, por culpa de quién le iba tan mal en la escuela.
Cuatro días después, al entrar al cuarto, al que fue nuestro cuarto, lo encontré ahí, tirado, pálido, sin respirar, sin pulso, muerto.
El día más triste de mi vida, 23 de abril del 2016.
Mi hermano se había suicidado por tener un amor imposible.